Gladiator
Director: Ridley Scott
Intérpretes: Russell Crowe, Joaquin Phoenix, Richard Harris, Djimon Hounsou, Derek Jacobi, Oliver Reed, Connie Nielsen.
Es posible que, como la gente dice, ésta sea la mejor película de Ridley Scott, evidentemente por detrás de “Blade Runner”, “Alien” y “Thelma & Louise”. A parte de esas tres, no recuerdo ninguna que merezca la pena ni siquiera comentar. O sea, que no tiene ningún mérito que “Gladiator” sea su cuarto mejor film.
No es que sea gran cosa. No es exactamente lo que se dice una aventura épica como las de antes. Digamos que es un tema de los de antes tratado de la forma en que se tratan las cosas ahora: mal. No creo que sea ninguna casualidad que todas las películas hollywoodienses que acaban en “-ator” sean insulsas, vacías, repletas de diálogos poco naturales y, eso sí, con mucho barullo y efecto especial.
La historia arranca con una curiosa batalla a base de flechas teledirigidas y cócteles molotov, ruido e imágenes de vértigo que no da tiempo a ver qué te enseñan. Se adivina muy pronto que el montaje no va a ser lo más destacado (a no ser que queramos destacar lo malo).
No diré nada de la interpretación pero, si alguien no se lo cree, si que diré que he visto a alguna vez a Russell Crowe y a Joaquin Phoenix haciendo bien su trabajo (en otras películas). Pero es que, ¿quién puede hacer bien un personaje tan memo como cualquiera de los que aparecen a lo largo de los tropecientos minutos que dura el rollo?
El césar, el primero, es una especie de vejete de buen corazón (clavadito a Obi Wan Kenobi) que, como dura 5 minutos, no vale la pena analizar. El césar, el segundo, es un cúmulo de los más negativos adjetivos que un guionista es capaz de archivar en su base de datos. El chaval es el malo malísimo. No sabe luchar (¿a quién le importa eso?), es feo, le va la marcha (devuelve a Roma su anterior decadencia), le gusta el incesto y la pedofilia y, además, nadie le quiere. El malo malísimo tiene una hermana que parodia a Natasha Hendstridge; por contraposición, lleva ropa hasta las cejas. Ésta tiene un hijo que recuerda al Jake Lloyd de “Star Wars - Episode I”, aunque sólo sea por lo mal que actúa. También hay uno bastante raro, algo así como el portavoz del gobierno, que tiene más cejas que cara. Y el protagonista, en fin, es como el malo, pero en bueno buenísimo.
El argumento ya de por sí es poco liado: el César confía en un general (muy bueno) antes que en su propio hijo (muy malo) y se muere. El hijo (muy malo) se quiere deshacer del general (muy bueno) y el general (muy bueno) acaba escapando. La familia del general (muy bueno) es violada, mutilada, crucificada y troceada para dar de comer al perro, todo por orden del hijo (muy malo). El general (muy bueno) acaba siendo secuestrado para currar de gladiador y se acaba enfrentando al hijo (muy malo) en la misma arena. Resumiendo, todo junto es una mezcla de “Braveheart”, “End of Days” y “Saving Private Ryan”, agitado con poca gracia y depositado en unos grandotes decorados.
El Crítico Vengador